Esperanza en Medio de la Violencia- Javier Sicilia

Foro de Inmigración para el evento, “Voz de los Sin Voz”

Catedral de San Patricio, El Paso, TX, 28 de abril de 2012

Buenos días, muchas gracias. Y antes de dar mi palabra, estamos preparando
una caravana ahora por Estados Unidos, que va a salir de San Diego y va a terminar
en Washington. Irá por toda la frontera. Allá también atrás tengo unas hojitas, la
organización Global Exchange nos ha estado apoyando en todo este proceso y nos
gustaría mucho si nos pudieran dar sus datos los que quieran para el apoyo que
vamos a necesitar porque pues vamos a pasar por varias ciudades incluso,
incluyendo El Paso, y creo que la fuerza ética que trae la caravana sólo podrá
hacerse visible con la fuerza y movilización y presencia y acogida de la gente. Los
hermanos y hermanas que se encuentran en las localidades donde va a pasar la
caravana como lo hemos hecho en México. La intención de esta caravana es algo que
ha estado en lo largo de estas ponencias. Es concientizar a la población
norteamericana y al gobierno norteamericano de la grave responsabilidad que tiene
en nuestros muertos, nuestros desaparecidos y nuestros desplazados, y los
migrantes que desaparecen en territorio mexicano y la necesidad de que tienen que
cambiar su política con respeto a las drogas, con respeto a las armas. Entonces si se
pueden apuntar allí en las hojitas allá con el Global Exchange para poder mandar
información y poder estar en contacto con ustedes.
Me toca un tema, me hubiera gustado escribir pero he andado en estas
aprietas de preparar la caravana y no he tenido tiempo de sentar de escribir como
siempre me ha gustado, pero el tema que me toca es la esperanza en medio de la
violencia, un tema complejo. Alguna vez un amigo cuando empezó el movimiento le
dijo a Emilio Álvarez Icaza, “Si las víctimas tienen esperanzas, es que el país tiene
esperanza y hay posibilidades. ” ¿Pero, qué es la esperanza? La esperanza es un
tema, una palabra que usamos pero que hemos perdido sus contornos, sus
significados. Hay muchas palabras que por desgracia han perdido sus contornos,
sentidos profundos. En la sociedad moderna ha cambiado la esperanza por
expectativa. ¿Qué expectativas tiene? ¿Qué posibilidades tiene? Como si
pudiéramos calcular el futuro, como si pudiéramos dominar el futuro y decir que si
hacemos esto va a resultar el otro, con esa lógica moderna de la expectativa que es
lo contrario de la esperanza.
Felipe Calderón y el gobierno de los Estados Unidos hicieron esa guerra y las
expectativas salieron contrarias. Absolutamente contrarias. El gran problema de la
expectativa es la soberbia. La soberbia termina siempre en el horror, querer
controlar el futuro. La esperanza es lo contrario. La esperanza, pues podría definirla
como la espera de un acontecimiento dichoso. El Antiguo Testamento estaba lleno
de esperanza. Los profetas hablaban de ella y San Pablo lo dice con una metáfora
inquietante, “El mundo gime con dolores de parto.” Siempre la palabra profética
hablaba del horror mezclado con esperanza de que en medio de ese horror un
acontecimiento sorpresivo y dichoso aguardaba.
Y la imagen de San Pablo cuando habla de que el mundo gime con dolores de
parto para hablar de acontecimiento, de la llegada de Cristo. Es una hermosa

metáfora que me gustaría retomar y analizar un poco para seguir después y
adelante hablando más de la esperanza. Para contrastar la expectativa con la
esperanza. Cuando San Pablo usa esa imagen de que la humanidad y el mundo gime
con dolores de parto habla de algo que tiene que ver con la maternidad. La
maternidad en el sentido real de la palabra es la espera de un acontecimiento
dichoso. Cuando una mujer está embaraza, preñada aguarda la venida de ese
acontecimiento dichoso que es un niño. No sabe como va a ser. No sabe como va a
venir pero no importa, es una vida que se aguarda y una vida que hay que
celebrarla. Y esa vida siempre es dichosa y hay que celebrarla. La ginecología y el
mundo moderno ha roto esa esperanza. Ahora hay un sistema, una institución que
se inclina sobre el vientre materno y empieza a hacer expectativas con respeto a esa
vida que va a nacer. No está abierta a la libertad y a la gracia, sino está abierta al
control. Cerrada al control ginecológico. Antiguamente una madre le contaba a su
hija lo que sucedía en el lo opacidad de su vientre y juntas con otras mujeres
esperaban y caminaban en el proceso de ese acontecimiento dichoso que es el que
habla, el que habla San Pablo en la historia.
Ahora no. Ahora ya no tenemos la esperanza de ese acontecimiento que es un
niño. Ahora tenemos productos genéticamente programados y administrados desde
antes del nacimiento. ¿No? Sobre esa opacidad se mete toda una institución
parafernalia, y hay lugares, no sé como esté en Estados Unidos pero en Europa hay
zonas ya terribles de control médico ginecológico. Están los famosos facilitadores.
Entonces llegan estas muchachas que están esperando a su hijo y la someten a un
montón de pruebas y después llega el facilitador antes de enviarla con el ginecólogo
y le dice, “Mire señora, usted tiene su feto, su producto,” una cosa sumamente
degradada, esa imagen. “Tiene el 0.005% de que salga con el síndrome de Down, el
cero punto punto tanto por ciento de que tenga esto.” Y bueno allí le ponen una lista
y la pobre muchacha abre los ojos. Y termina preguntando, “¿Oiga, y eso es malo?” Y
entonces el médico en esa lógica del aborto le dice, “Pues, usted decide.” Y no se
puede controlar, se pierde la esperanza. Sabemos si viene mal o bien el niño, si tiene
los ojos azules, si tiene sexo masculino o femenino. Toda la sorpresa y todo cual
control se pierde. Y las mujeres se empiezan a ser sometidas a una violencia
ginecológica con apariencia de bien. Eso es la ruptura de la esperanza.
Nosotros vivimos un mundo desesperanzado. A pesar y mucho más
complicado, porque el acontecimiento dichoso el que nos hablaban los profetas
sucedió nos dicen. Estaba oyendo hablar a, no sé si es padre o pastor, sobre sus
dudas de la fe. Porque hace 2,000 años llegó para el mundo cristiano, el
acontecimiento dichoso, el Cristo, la develación del amor. Y sin embargo después de
él, después de los siglos, los milenios de contenidos de ese acontecimiento dichoso,
el mal se ha complicado. Vivimos en el mal. Estamos en el mal. México vive el mal de
una forma terrible. La violencia que se está viviendo el país de la cual se ha hablado
desde ayer y se sigue hablando hoy es terrible. Y las fotos que tenemos en nuestros
lados son atroces, son para descorazonar a cualquier ser humano, son la mejor
forma de decir, “No hay esperanza.” Son la mejor forma de decirle, de decir
pues, “Vamos a hacer expectativa y vamos a extirpar el mal con más mal.” Esto ha
sido la lógica del gobierno mexicano auspiciado por el gobierno norteamericano. El
mal se combate con mal. Es la lógica del Hollywood, los héroes de Hollywood y las

películas que vemos de violencia son más malos que los malos. Ejercen una
violencia superior a la de los malos y terminan por hacer un desastre atroz. Y esa es
la lógica que se ha aplicado en México. Y estamos en el mal.
Las consecuencias del mal son las víctimas. Las consecuencias del mal son los
seres que no podremos volver a ver. Por lo menos aquí. Son las vidas fracturadas, las
imposibilidades de ver concluir vidas, lo antinatural, la pérdida de un hijo, la muerte
de una hija, la desaparición de los hijos, la desaparición de los seres queridos. Eso es
el mal. Y tiene concretud. Yo no creo como decía Galeano, como él terminó el
padre, “la muerte no existe,” sí existe. Es cabrona. Cuando uno pierde a un hijo, allí
está la presencia en su ausencia y en la historia que recorrió esa ausencia
inequívoca, brutal, absoluta, perentoria. El único que nos queda es la apertura de la
esperanza, la esperanza de que esto no termina aquí. Pero el mal está allí y es
cabrón y hay que detenerlo.
Pero, el problema está allí. A pesar del acontecimiento dichoso el mal se ha
complicado. De diferentes maneras, el mal tiene este rostro de la violencia pero
también tiene la forma de la bondad ginecológica. Todo quiere ser controlado por
un poder. Todo quiere ser sometido por un poder. La madre o el niño que aguarda
en el vientre puede ser sometido por el poder si ese niño no viene dentro de la
lógica del poder bien. Si viene con algún defecto es posible, las leyes a veces lo
defienden, desmontado, como se desmonta un producto de una maquinaría de
producción. Un producto defectuoso. Estamos perdiendo la esperanza y con eso
estamos perdiendo lo humano. La parte ginecológica con todo y sus bondades es
terriblemente maligna y su contraparte es la violencia que vivimos de otras
maneras. No sé si se pueda hacer este clic, pero evidentemente de eso se trata de la
perfección. Y se trata del control. El control puede ejercerse de maneras bondadosas
o de maneras terribles como las que estamos viviendo en México.
La continuación de la era tecnológica y del mundo económico tiene su rostro
más perverso en la manera en que los delincuentes están usando a los seres
humanos. La idea de que los seres humanos somos recursos o productos
controlables o administrables para maximizar capital o para maximizar una idea de
la perfección y del bien. Se convierte en los criminales en un abuso tremendamente
perverso de ese ser reducido a un recurso o una instrumentalidad. ¿O qué hacen los
delincuentes cuando extorsionan, cuando secuestran y piden dinero, cuando hacen
trata de personas, cuando esclavizan? Pues, simplemente llevar a formas perversas
lo que es la lógica económica y tecnológica se ha vuelto el ser humano. Un producto
administrable susceptible de ser operado y trabajado de diferentes formas hasta las
más perversas. Ese es el mundo del mal. Es el mundo de la expectativa contra la
esperanza.
Sin embargo, tenemos esperanza. Yo lo veo con las madres que han caminado
y los padres que han caminado a lo largo del país en esta lucha por detener la guerra
y por hacer justicia. Muchos, como yo, no vamos a recuperar a nuestros hijos, no
vamos a volver a ser los mismos como lo dijo la doctora. No va a ser ya igual, nada
es igual. Y sin embargo, nos movemos. ¿Qué nos mueve? Pues, el deseo de tener esto
y deseo de que otros padres y otras madres no tengan que padecer lo que nosotros
hemos padecido. El deseo de un mundo fraterno, y eso tiene que ver con la
esperanza. Que si caminamos, que si exigimos, que si visibilizamos la dignidad a

partir del dolor. Si podemos hacer de nuestro dolor, que nos daría mucho material
para el desprecio y el odio, una articulación del amor, podemos aguardar un
acontecimiento dichoso. El milagro de que se haga la paz, el milagro de que se haga
la justicia. Y que otros no tengan que padecer lo que hemos tenido que padecer
nosotros instalados en el mal.
La esperanza es de ese orden. Y es del orden de lo inútil. Algo extraño. No
podemos entender que la esperanza es del orden de la gracia. Es del orden de la
gratuidad. En un mundo híper economizado donde todo se hace para algo, la
esperanza es difícil de comprender. Por eso siempre se nos ha atacado, no pueden
comprender que hagamos esto por la esperanza, es decir que por la gracia, por la
gratuidad. Mucha gente no puede comprender que hemos caminado en condiciones
bastante difíciles, imposibles, contando con la generosidad y el amor de otros que
nos reciben. Que esta caravana la estamos haciendo también así en condiciones
sumamente difíciles con el amor y la solidaridad de muchos y en espera de la
solidaridad de otros. Que no vamos a obtener de esto nada ni estamos obteniendo
nada mas que cansancio, mas que a veces impotencia. Y sin embargo seguimos
caminando. Nadie puede entender eso y sin embargo es de ese orden la esperanza. Y
quizá por eso, por esa gratuidad que hace visible el verdadero sentido de las cosas,
la espera de ese acontecimiento dichoso, seguimos caminando. Y quizá eso es lo que
respeta tanto a pesar de que no se pueda comprender. El Movimiento por La Paz con
Justicia y Dignidad y todos aquellos que desde sus trincheras, desde sus
organizaciones se han articulado y han abierto sus brazos para coger a las víctimas,
para consolarlas.
Si no pensamos en la gratuidad y desde la gratuidad, si no pensamos como
decía San Pablo que en medio del dolor del parto está la gracia de un niño que no es
una utilidad, es la sorpresa de la maravilla de la vida, si no pensamos en esa
esperanza que es el acontecimiento dichoso de que esto se acabe y que otros ya no
tengan que sufrir, las tinieblas serían absolutas. Si usáramos esto para otros fines,
las tinieblas serían absolutas porque nosotros estaríamos usando a las víctimas para
obtener provecho igual que los delincuentes lo hacen. No, estamos centrados en la
esperanza que es del orden de la gracia, que es del orden de las virtudes teologales.
Lo lograremos, no importa. Lo importante es que en cada paso que alzamos y cada
abrazo que damos en cada acogimiento que recibimos y en cada amor que nos toma,
allí se cumple la belleza de la gracia. Allí se cumple el amor. Gandhi decía y yo lo dije
aquí en Juárez que no importaba si teníamos que llegar hasta el árbol donde está el
fruto, lo que importa es haber caminado hacia donde está. Eso hace visible la gracia,
eso hace visible la esperanza, y eso hace visible la realidad de la gracia y del amor.
Esa frase maravillosa de la Iglesia que lo rescata al Cristo y la esperanza del
Cristo a pesar del mal, el “Ya, pero aún no plenamente,” donde está el amor está
el “ya” de la vida aunque no esté plenamente porque las tinieblas y el mal de la
historia nos circundan.
Y a veces para no desfallecer, pienso en dos cosas fundamentales. Hay una
misa, la misa que más me gusta que es la misa de la luz, la misa de la Resurrección.
Siempre me inquieta que venimos del dolor de una semana dolorosa. La muerte del
inocente, que es la muerte de todos los inocentes. El Cristo humillado, Jesús
flagelado, Jesús vilipendiado, el Jesús negado y asesinado en la cruz. Y la noche, la

noche que se instala con la muerte del inocente, el sábado. Dicen que el viernes es el
viernes de dolores, es el viernes más doloroso. Yo digo que es el sábado porque allí
las tinieblas son absolutas. Pasamos de la vida, la tortura a la negación absoluta de
la vida. Y es justamente el día en que no hay misa. La tabula rasa como le dicen, no
hay nada mas que la tiniebla. Y uno llega en la noche a la iglesia en la oscuridad y de
repente se enciende una luz, el cirio pascual. Ese cirio es todo y nada, es una
pequeña vela en medio de las tinieblas de la noche. Y, sin embargo, sin esa vela que
anuncia la resurrección y que se expresa en el amor, las tinieblas serían absolutas.
Cada acto que hacemos en donde se devela la esperanza, es esa luz. Esa luz en la cual
las tinieblas que están circundando a México serían absolutas.
El otro que me llena de esperanza es una anécdota de Lutero. Un día venía
Lutero con un arbolito que iba a sembrar. Y uno de sus discípulos le cortó el paso y
le dice, “¿Qué vas a hacer?” “Voy a sembrar este árbol en el jardín.” Y le dice, “Te voy
a hacer una pregunta. Qué harías en este momento si un ángel del Señor te
apareciera y te dijera que en cinco minutos se acaba el mundo, llega el Apocalipsis.”
El Lutero responde hermosamente, “Yo sembraría el árbol.” Eso es lo que hacemos.
No importa cuanto mal, no importa cuanta fuerza tenga ese mal y que se expresa
todos los días dolorosamente, no importa que no podamos llegar a la salud como
quisiéramos y a la paz. Lo que importa es mantener la esperanza encendida. Sin esa
esperanza, sin ese árbol en medio del caos y del Apocalipsis, las tinieblas serían
absolutas. Y no habría una pizca de amor.
Esa es la esperanza. La esperanza que eso que es presente en cada momento
en donde nos abrazamos, nos amamos, exigimos, develamos, mostramos, llenamos
de sentido la vida… en ese momento estamos abriéndonos a la esperanza de que eso
algún día será la realidad total, será el acontecimiento dichoso, será el nacimiento de
ese niño que anunciaban los profetas, que se hizo presente en Nazaret, en Belén y en
Nazaret, y que resucitó como una pequeña llama en la oscuridad y que nosotros
mantenemos viva en medio de las tinieblas, abiertos a esa esperanza que es un “ya”
y nosotros y nuestro amor pero aún no plenamente. Pero aguardamos en desde
su “ya” su plenitud en algún momento de nuestra historia, en algún momento de
nuestras vidas. Salvar, el Talmud dice, es salvar a un ser humano, salvar a toda la
humanidad. Amar a un ser humano y evitar que otros se mueran es también salvar a
la humanidad y mantener viva la esperanza.
Y es lo que tendría que decirles hoy en relación a la esperanza y les
agradezco. Aquí está la esperanza. En la Casa Anunciación está la esperanza. En cada
pequeño grupo que se reúne para mantener viva la libertad y la dignidad, para coger
a otro en estado de indefensión y de desamparo está la esperanza. Y allí está la
realización del Reino, en ese “ya” siempre presente en medio de la tiniebla pero aún
no plenamente. Es desde allí, desde donde hablamos cada uno de nosotros, es desde
allí desde donde les hablo a pesar del dolor, a pesar de la noche, a pesar del horror.
Muchas gracias.

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