La Casa Anunciación en Ventanas de Vidrio de Colores

por Amy Joyce

En las casas de Dios suele haber ventanas de vidrio representando a los santos y mártires y símbolos de su santidad y a veces de su muerte. En mis sueños, la casa en la calle San Antonio 1003 Este tiene ventanas de vidrio de colores — en ellas hay imágenes de huéspedes, del pasado y del presente. Las escenas que representan son de colores vivos, cómicas, raras, benditas, jubilosas, y desesperadas. Son escenas del pueblo de Dios.

En el dormitorio de las mujeres hay una ventana Salma. Los colores dominantes son el negro, el blanco, el gris, el azul claro y el rosa brillante. El negro y el blanco son el suéter negro y blanco de la playera que Salma siempre viste. El azul claro es por la cobija que cubre su cuerpo anciano en la cama en donde se acuesta la mayoría de los días tratando de respira, sus pulmones asmáticos bien duros, amenazando su mera vida. El gris es por el humo, increíblemente, de los cigarrillos que sale a fumar en el techo de la casa. El rosa brillante representanta la playera de Perla su nieta de 12 años, sin madre, que siempre está con ella. Perla, en su rosa brillante, se sienta a la orilla de la cama de Salma casi todos los días. Es quien ve de ella y quien depende de ella al mismo tiempo.

Salma viene con Perla cada cinco meses. Es viuda con seguro social. Porque es Mexicana, la ley de los EE. UU. declara que debe residir en los EE. UU. por 30 días consecutivos cada seis meses para poder reclamar los beneficios de su esposo finado. Vive de estos beneficios, así es que debe venir, esté o no esté Perla en la escuela ese tiempo o no. En mis 23 meses de estar en esta casa, les he dado la bienvenida a Salma y a Perla tres veces, aunque han sido bienvenidos muchas otras veces. Si Salma fuera Francesa o Alemana, pudiera reclamar los beneficios de su esposo desde su casa. Pero es Mexicana. Y eso hace una gran diferencia al gobierno de los EE. UU. La ventana Salma nos ilustra una historia contra toda lógica.

La ventana Gustavo está en la planta baja en la sala. Cuando la veo en mis sueños, se vuelve vida. Gustavo cojea por la sala hasta la puerta de la oficina. Tiene una pierna mala. En sus 55 años, ha pasado por mucho. Está aquí para mejorar su vida como todos los demás. Con su pierna, nunca lo escogen los patrones que suenan el timbre buscando jornaleros. En la puerta de la oficina hace su pedido de diario, “Por favor, dame mis cosas”. Sus cosas son bolsas grandes de nueces y rollos de papel celofán y cuerda. Con estos a mano, cojea al sofá y empieza su trabajo diario: empacando bolsas de nueces para vender en la plaza del centro. El sol que pasa por la ventana Gustavo, brilla en el celofán y manda luces rojas por el cuarto. Las luces hablan de una voluntad grande y una determinación de un señor que quiere “salir adelante” en este país. Esta ventana me da mucha esperanza.

La ventana Josefina esta en la sección de las familias. Deja pasar la luz algunas veces, aunque sus muchos cuadros son de colores brillantes. Los cuadros reflejan la luz de los cuatro hijos de Josefina – azul turquesa por Alma, la niña de ocho años, el color de la falda que se encontró en el banco de ropa el día que llegó; amarillo, rojo, y azul, son los colores del Hombre Araña y del Súper Hombre, los héroes de Carlitos y de Jesús, de siete y cuatro anos, respectivamente; y el color marrón por Isabel, de cuatro años, el color de los pantalones y sudadera del banco de ropa que llegaron a ser su uniforme.

Mis sueños me dan una entrada al lugar sagrado de Josefina en donde ella, sus cuatro niños y su madre María viven un una cama y una camilla en el piso. Y mis sueños me dejan ver que una cortina negra cuelga en frente de una ventana maravillosa obstruyendo la luz. Cuelga allí para protegerla de su esposo abusivo del cual corrió pero que todavía la busca. Cuelga allí como un símbolo de su lucha para hacer una vida para si misma y para sus niños en este nuevo país — sin papeles, sin dinero, sin saber Inglés, sin un compañero. Cuelga allí como un recordatorio de las muchas puertas que se le han cerrado a la cara al ir de una agencia social a otra pidiendo ayuda para Isabel, que sufre de autismo.

La cortina negra habla del dolor de corazón de Josefina. Pero he visto su ventana debajo de la cortina, y ésta habla de esperanza. Josefina es una madre buena y paciente. Ama a sus niños y es capaz de darles un sentido de seguridad y de bienestar, aunque están viviendo en un albergue. También es persistente e interesada en el bienestar de sus hijos, inscribiendo a Alma y a Carlitos inmediatamente en la escuela, y diariamente buscando ayuda para Isabel quien requiere atención especial. El que pueda “seguir adelante” en los EE. UU. va contra ella por ser indocumentada. Sin embargo, yo pido que cambien las cosas para ellos. Pido que, un día, la cortina negra de Josefina se ponga abajo y que mi visión se me obscurezca solo por lo brillante del los colores del arco iris que caigan a este cuarto chico de esta familia.

La ventana en la cocina es la ventana de muchos residentes: Omar, Víctor, Marisela, Juan, Paula, Olivia, José Luis, Jaime, Flor, así como de los huéspedes que toman tu turno preparando las comidas. Es la ventana de muchos colores y de muchas combinaciones sorprendentes — como es la comida que preparan en este cuarto. Hay color rojo ardiente, por los chiles que usan para preparar la salsa; el amarillo, el anaranjado y el verde oscuro por los chiles que, con queso y aceite, se convierten en un platillo delicioso; y el verde claro y verde color lima son los colores de las calabazas y de los limones que son sin número en los donativos.

Pero entonces hay también los colores de los cocineros en su regalia del banco de ropa: un color café anaranjado color mostaza por José Luis, Hondureño, que viste una playera de los fanáticos de la Universidad de Texas; el azul cielo por Héctor, de Oaxaca, en su playera del Departamento de Bomberos de El Paso; verde oscuro, anaranjado y blanco por Marisela, de Guadalajara, que viste una playera de los Irlandeses; y marrón por Olivia, de Juárez, que lleva una sudadera de la universidad de Harvard.

Y luego hay los colores de las risas y de las sorpresas que salen de la cocina. No creo que sean colores mas que tonos de colores – tonos brillantes que hacen al amarillo mas amarillo y al rojo mas rojo, que hacen que la ventana brille y pulse con vida.

La risa viene de donde tres cocineros, Juan, Antonio, y Jorge insisten a las seis de la mañana que, aunque se ofrecieron a preparar el desayuno, no saben cocinar, ni solo hacer avena. Yo, sin creerles, insisto que lo hagan y les mando un recipiente con bastante avena para 66 personas, y les digo que va a haber un grupo pequeño para el desayuno, quizá siete u ocho. Una hora después nos sorprenden con 66 porciones de avena con la consistencia de cemento mojado. Sí, nos reímos. Y los colores de la ventana en la cocina lo refleja.

Finalmente, esta ventana hermosa también tiene cuadros color de rosa como la goma para mascar – color del jabón industrial que se usa para lavar los platos después de cada comida – y color café y morado y color de salvia, y chabacano, los colores de los trapos que usamos para lavar y secar los platos.

Estos sueños en tecnicolor que tengo llenos de personas de México, Honduras, Guatemala, y El Salvador se quedarán conmigo para siempre. Estas ventanas con sus imágenes de personas, quienes, solo en la primera etapa de sus viajes en búsqueda de nuevas vidas en una tierra extranjera, ya han vivido por bastante dolor, alegría,

pesares, esperanzas, miedos, y fe para toda una vida – siempre estarán en mi memoria como imágenes muy profundas del pueblo de Dios que he tenido el privilegio de ver. Ninguna catedral que llegue yo a visitar puede tener ventanas de vidrio de colores que compitan con las que están en la casa de ladrillo rojo en la orilla del Segundo Barrio en El Paso. De esto estoy muy segura.

Originalmente de Chicago, Amy Joyce empieza su tercer año de servicio con la Casa Anunciación, en donde sirve como Coordinadora de Voluntarios y ayuda a nuestros huéspedes en miles de maneras.

About michael connor

Word Press / front end developer Crossfit Level 1 Trainer White Water Rafting Guide
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