El Nuevo Movimiento de Santuario

Por Katie Sharar

En los años 80, miles de Centroamericanos llegaron a los EE. UU. buscando refugio de gobiernos represivos y violentos. A casi todos se les negó asilo, no obstante el hecho de que huían persecución, represión que los amenazaba, y extensos abusos a sus derechos humanos. En gran parte, debido a que dar asilo es un acto fundamentalmente político para los EE. UU. – el haber dado protección y estatus de refugiados a inmigrantes, principalmente Salvadoreños y Guatemaltecos, sería reconocer públicamente la represión causada por gobiernos que nuestro país estaba apoyando por medios monetarios, políticos y otros.

El Movimiento de Santuario creció por esta misma crisi. Muchas personas concientes se alarmaron ante la cantidad de gente que llegaba a diario a los EE. UU. trayendo consigo los cargos de sufrimiento y trauma y que, no obstante, se les negaba su legitimidad continuamente, además de ayuda y asilo.

Así fue que estos activistas hicieron lo que el concepto bíblico de santuario ha pedido de gentes de fe y buena voluntad: abrieron sus puertas a los extranjeros, viendo en estos centroamericanos una reflexión de Cristo. La Iglesia Presbiteriana del Sur de Tucson – entonces encabezada por el Rev. John Fife, recipiente del Premio Voz de los Sin Voz de la Casa Anunciación en 2006 – fue la primera iglesia en los EE. UU. que oficialmente brindó santuario a refugiados. Después, el número de personas necesitando albergue y asistencia fue abrumador. El movimiento pronto creció por necesidad, y lo que empezó en el Sur de Tucson se extendió a numerosas iglesias, templos y otros santuarios religiosos a través de los EE. UU. Estas congregaciones abrieron sus puertas a las luchas, vidas e historias de Centroamericanos durante los años 80.

Las guerras en Centro América han acabado ya hace 20 años arpoximadamente, y una frágil paz tomó su lugar. Sin embargo, esta paz oficial no es sinónima con la justicia social y económica en la región. Desigualdades extensas de riqueza y poder definen mucho de México y Centro América hoy en día y hacen que un sin número de inmigrantes salgan hacia el norte en busca de seguridad, supervivencia y de la promesa de una vida mejor.

En el Norte, su presencia se vuelve a definir en la fibra de la nación. Las respuestas de nativos a esta realidad que cambia en los EE. UU. se han caracterizado por el miedo y la discriminación. La hipocresía de las respuestas no se esconde. Mientras nosotros los ciudadanos de los EE. UU. demandamos que los inmigrantes construyan nuestras casas, sirvan de jardineros, y cuiden a nuestros niños, muchos de nosotros simultáneamente pedimos que haya deportación universal.

Muchos inmigrantes y sus aliados montaron protestas a los sentimientos contra inmigrantes la primavera de 2006 y salieron en masa a las calles en ciudades y pueblos a través de la nación. Comunidades religiosas de todas denominaciones fueron parte integral de estas demostraciones. En particular, el Cardenal Roger Mahony de la Arquidiócesis de Los Angeles despertó tanto al público como a los legisladores a las dimensiones morales y humanas de la cuestión de inmigración cuando instruyó a su clero a que no prestaran atención al Proyecto de Ley de la Cámara de Representantes 4437. Esta criminalizaba el dar ayuda humanitaria sin primero revisar el estatus de documentación. Las implicaciones de esta proclamación son fuertes y claras: la ley actual del país es injusta e inhumana, y en tiempos como éstos, más leyes de justicia y compasión se deben seguir, no obstante los riesgos y las demandas que se nos pidan como resultado.

Más tarde, en esa misma primavera, el ejemplo de Mahony ayudó a inspirar una reunión de líderes religiosos en Washington, DC. Durante su reunión del 27 de Marzo, centenares de personas se reunieron para “ejercer autoridad moral para ver que se asegure que las deliberaciones del comité Judicial del Senado considere las realidades morales y humanas de las familias inmigrantes” (Interfaith Worker Justice). La propuesta legislativa que resultó era notablemente menos punitiva y exclusiva que las medidas previas de la Cámara de Representantes, gracias en gran parte a estos esfuerzos. Desde esa fecha, líderes religiosos han continuado trabajando en sus congregaciones y comunidades a través del país, en apoyo a los inmigrantes.

Las redadas y deportaciones por el país durante el 2006 proporcionaron el ímpetus profético de las visiones colectivas que se han llegado a conocer como el Nuevo Movimiento de Santuario. La iniciativa, dicen algunos, se arraigó en la Iglesia Metodista Unida Adalberto en Chicago, donde el Rev. Walter Coleman abrió las puertas de su congregación a Elvira Arellano, quien –junto con su hijo Saúl – estaba en medio de procedimientos de deportación. El santuario de la iglesia de Coleman llegó a ser su casa a fines del año 2006 cuando la congregación y la familia trabajaron juntos para ponerle fin a la deportación inminente.

Se le dio mas vida a la iniciativa en Enero de 2007, cuando representantes de 18 ciudades a través del país y 12 tradiciones religiosas se reunieron con la meta de “proteger familias de deportación injusta, afirmando y haciendo visible estas familias como hijos de Dios, y despertando la imaginación moral del país por medio de la oración y del testimonio” (IWJ).

El Nuevo Movimiento de Santuario es fundamentalmente un movimiento entre diferentes congregaciones de fe e incluye a representantes y congregaciones de diversas denominaciones. (Estas incluyen congregaciones de la Iglesia Universalista Unitaria, Iglesia de Cristo Unida, Episcopal, Metodista Unida, Unión de Reforma Judía, Católica Romana, Luterana, Presbiteriana, Comité de Servicio de Amigos Americanos, Cristianos Evangélicos, Sikhs y Musulmanes.) Se invita también a grupos seglares, aunque el movimiento es independiente y con bases de fe. En particular, el Grupo Organizador de Jornaleros Nacionales y la Coalición para Reforma Humana de Inmigración han sido apasionados partidarios.

El Nuevo Movimiento de Santuario es principalmente coordinado por tres grupos — Clero y Laicos Unidos para la Justicia Economica de California (CLUE-CA), Justicia del Trabajador Interfe, y la Coalición de Santuario Nueva York. Hay un grupo trabajador de representantes de las ciudades miembros y de las instituciones de las diferentes denominaciones, que se reúne regularmente hasta que se forme un comité nacional. Actualmente el movimiento cuenta con representantes de la coalición en dieciséis ciudades en los EE. UU.: Phoenix y Tucson, AZ; Los Angeles y el Area de la Bahía de California, San Diego, San José, Ventura, CA; Denver, CO; Chicago IL; Kansas City, KS; Nueva York, NY; Portland, OR; Houston, TX; Seattle, WA; Washington DC; Madison, y Milwaukee, WI. El movimiento tiene cuatro metas principales: proteger a los trabajadores inmigrantes y a sus familias de una deportación injusta; cambiar el debate público; despertar la imaginación moral del país; y hacer visible a los trabajadores inmigrantes y sus familias como hijos de Dios.

En términos prácticos, esto quiere decir esencialmente el seguir el ejemplo que el Rev. Coleman y la familia Arellano encabezaron en Chicago. Las congregaciones que participan proveen apoyo moral y espiritual a las familias que están en el proceso de deportación, que tienen niños ciudadanos de los EE. UU. y adultos con buenos datos de trabajo, y que tiene un caso que se puede presentar bajo la ley actual. Apoyo legal y material se ofrece según la necesidad de cada caso. Cuando y si la amenaza de deportación llega a ser realidad, las congregaciones que participan en el Santuario se han comprometido a dar a las familias un espacio en sus templos para demostrar que se está llevando a cabo un acto impío.

Como declara la promesa del movimiento, “…nos duele profundamente la violencia hecha a familias por las incursiones de inmigración. No podemos, en buena conciencia, ignorar tal sufrimiento e injusticia. Por lo tanto, prometemos tomar una posición pública y moral por los derechos de los inmigrantes; revelar, por medio de educación y defensa, el sufrimiento actual de trabajadores inmigrantes y sus familias; y proteger a los inmigrantes contra el odio, la discriminación en el lugar de trabajo y la deportación injusta.”

Como un pueblo de conciencia ha hecho a través de los tiempos y en todo el mundo, los participantes en el Movimiento Santuario contemporáneo están defendiendo la ley de decencia y moralidad humana a la misma vez que el gobierno de los EE. UU. la quebranta bajo el estandarte de supuesto poder, orden, y seguridad. Es muy posible que las acciones y las convicciones de nuestros aliados en el Movimiento Santuario Nuevo pronto se vean como arquitectos claves de una política de inmigración nueva, justa, y humana que honre la integridad de las familias y la dignidad de toda la gente. Individuos vehementes y comprometidos vuelven a escribir la historia cada día en el nombre de la justicia y de la compasión, y nosotros tenemos toda razón de esperar que las muestras de conciencia y convicción de estas congregaciones cambie las mentes y las políticas.

Tengo la tentación de sugerir que hay hoy día cuestiones más profundas que nuestro éxito en este intento particular, aunque eso también es ciertamente de primordial importancia. Es en este día y en este clima político, que el actuar con decencia y compasión humana ha llegado a ser algo radical y hasta un acto heroico. El reconocer y honrar la humanidad de nuestros vecinos en migración, el Movimiento Santuario Nuevo ha hablado de justicia, de dignidad, y de esperanza, no obstante los riesgos que el trabajar por un mundo mejor ha traído consigo. Y el esperar y creer contra el poder de las autoridades no es sólo el debilitar su mero poder y autoridad, pero es también ver por los ojos de fe la posibilidad de otro mañana. Es fácil deplorar lo maligno, pero es mucho más difícil – y mucho más profundo – el amar y actuar por lo que es benigno. El Movimiento Santuario Nuevo hace ese y su ejemplo sirve para inspirarnos a todos.

Para aprender mas, vea:

The New Sanctuary Movement homepage

http://www.newsanctuarymovement.org

Clergy and laity United for Economic Justice

http://www.cluela.org/immigration.html

Interfaith worker Justice

http://www.iwj.org/

Katie Sharar trabajó como voluntaria en la Casa Anunciación del 2004-2006, y todavía visita la región fronteriza a menudo. Actualmente incorpora la frontera en su vida por medio de su trabajo en la Casa Marianella, un albergue para inmigrantes y refugiados en Austin. Adicionalmente, ha ayudado abrir una casa cerca de Austin para mujeres y sus familias que salen de la detención de inmigración, Katie pasa sus días escuchando y contando historias con personas de todas partes del mundo mientras esperan el resultado de sus casos de asilo.

 

About michael connor

Word Press / front end developer Crossfit Level 1 Trainer White Water Rafting Guide
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